La hora clave sería las 4 de la tarde del domingo, el días anterior ya lo había dejado todo preparado en Brick Lane, antes de dejar el barrio estuvimos paseando con los chicos, Robert, Stratis y Jeff, los domingos son famosos por sus mercadillos, sobretodo hay mucho vintage. Aprovechamos para comer algo en la calle, comida de uno de esos puestos de mercadillo donde puedes encontrar comida típica de cualquier parte del mundo, hasta que llegó el momento de la despedida... contenta por un lado, pero apenada por otro, ellos se han portado muy bien conmigo a lo largo de estas seis primeras semanas de mi llegada a Londres, he compartido mucho con ellos y lo hemos pasado muy bien, por todo eso estoy muy agradecida.
Cargadas con las maletas cogimos el autobús hacía mi nuevo barrio, Battersea, teníamos casi una hora de camino hasta llegar a ese barrio con un aire más tranquilo, más residencial, en el Sud-Oeste de la ciudad, al contrario que Brick lane que se encuentra al Este. Llegamos puntuales al encuentro con el amigo de mi casera que estaba de vacaciones, nos acompaño al piso, aunque no fue muy cortés ya que a pesar de vernos cargadas como mulas, que no sé como¡ he generado tanto bulto en tan poco tiempo!, pues lo que decía que el caballero no se ofreció en ningún momento a echarnos una mano, vamos ni el amago, cuando llegamos al séptimo piso, nos abrió la puerta y eso fue todo, era perfecto... solo había que colocar... y volver a empezar.
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